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Cuando Tony recibió el mensaje de correo electrónico, lo abrió sin ninguna expectativa especial. Después de todo, no tenía nada de particular recibir un mensaje de la Gerente de Calidad de la empresa pues, debido a su cargo de Jefe de Taller, con mucha frecuencia recibía instrucciones de la Gerencia de Calidad, la mayoría de las veces destinados a exigirle mayores controles en el acabado de algún producto de línea específico. Solo le llamó un poco la atención que en el ‘Asunto’ tenía: “Para que no se te olvide…“, pero esto tampoco le causó mayor asombro ya que se imaginó que sería algún mensaje recordándole uno de sus compromisos adquiridos en la última reunión, y en la fracción de segundo que le tomó abrir el mensaje, incluso alcanzó a sentir un asomo de rabia de pensar que esa mujer jamás dejaba de fastidiarlo con sus programas de excelencia. Sin embargo, al abrirlo vio que no traía ningún texto especial, ni instrucciones, ni las recomendaciones de siempre; simplemente eran 6 archivos de extensión “.jpg” (imágenes) anexos. Los nombres de los archivos eran combinaciones de letras y números que tampoco daban ninguna referencia especial. Tony quedó ligeramente curioso, pero tampoco en exceso pues de verdad que tenía la cabeza ocupada con otras preocupaciones, más importantes que complacer los caprichos laborales de la Gerente de Calidad; sin embargo, procedió a abrir los archivos uno a uno.

Sus emociones comenzaron con el desconcierto, pasaron a la sorpresa y de ahí al morbo, para finalmente transformarse en una brillante idea que, cuando terminó de abrir el último archivo, ya estaba definida en su cabeza. Los archivos eran una secuencia que comenzaba con la exuberante Gerente de Calidad sentada en una silla, vistiendo un pantalón de jeans y desnuda de la cintura para arriba, pero tapándose los pezones con sus manos. La segunda la mostraba con sus enormes pechos completamente desnudos, sosteniéndolos por debajo con sus manos, ofreciéndoselos al fotógrafo; eran unas tetas grandes y redondas aunque no se veían duras, pero sí con unos grandes y hermosos pezones oscuros. En la tercera, tomada desde arriba, se percibía un pene grande y grueso que obviamente era el del propio fotógrafo, cerca de la cara de la Gerente que tenía una fingida expresión de asombro. En la cuarta y quinta foto, tomadas también desde arriba, ya aparecía chupando el pene de una forma que, aunque una foto no ofrece movimiento, dejaba ver claramente el afán con que ésta devoraba el miembro. La última foto, tomada desde el mismo ángulo, la mostraba mirando fijamente el pene que yacía flácido entre una de sus manos, mientras que su cara y pechos aparecían completamente embadurnados de semen. Fue suficiente para que a estas alturas, el pene de Tony estuviera completamente erecto dentro de su pantalón, y una idea fija en su mente.

Se quedó un par de minutos repasando las fotos una a una en su oficina, mientras acariciaba su pene sobre el pantalón. Aun le costaba trabajo creer que la tan recatada y rígida gerente, fuera la misma que aparecía como toda una actriz porno en esas fotografías. Esa misma que a pesar de ser una mujer que a sus treinta y pocos años se conservaba muy esbelta y era muy apetecida entre el gremio masculino de la fábrica, era a la vez tan temida y aborrecida por todos en la empresa, justamente por causa de ser tan estricta, exigente e inflexible. ¿De quien sería la verga que se estaba comiendo?, pues era por todos sabido que su esposo era un famoso miembro activo de una comunidad religiosa y Tony pensó que difícilmente él accedería a este tipo de fotografías. De hecho, las dimensiones del pene no parecían corresponder con el minúsculo esposo de la doctora. En medio de estas meditaciones, lo sorprendió el timbre del teléfono.


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– Taller de Mantenimiento, a la orden.

– Buenos días – dijo la voz femenina del otro lado – ¿Con quien tengo el gusto?

– Con Tony Herrera. ¿En que puedo servirle?

– Esteee … verá señor Herrera … heee … le habla la doctora Villamizar, de la Gerencia de Calidad … – dijo la mujer titubeando.

Los labios de Tony se distendieron en una maliciosa sonrisa. Guardó un silencio voluntario para obligar a la mujer a seguir la conversación, solo para ver por donde ella pensaba encarar el asunto.

– Mire señor Herrera – continuó la mujer aparentemente un poco mas decidida, en su tono de voz altanero de siempre – acabé de enviar un correo electrónico para el doctor Alberto Guerrero, pero por un error di ‘click’ un renglón más abajo en mi libreta de direcciones de correo y el nombre seleccionado fue el suyo, que por ser ‘Antonio’, aparece justo abajo del nombre del doctor Alberto.

– Si señora … – fue lo único que comentó Tony, y volvió a su silencio.

– Pues bien señor Herrera, no percibí el error hasta después de haber enviado el mensaje, así que debe estarle llegando a usted. Le llamo para indicarle que apenas lo reciba, inmediatamente borre ese mensaje, sin abrirlo!!. Se trata de un asunto de alta confidencialidad sobre los proyectos de la compañía y usted no está autorizado a acceder a este tipo de información. Por favor, evítese problemas y elimine el mensaje en cuanto lo reciba.

– Entiendo señora … acabo de recibir el mensaje …

– Pues como le acabo de indicar, le ordeno que lo elimine sin abrirlo. – dijo ella, con voz bastante nerviosa – Yo me encargaré de enviarlo nuevamente al destinatario correcto.

– Demasiado tarde! … doctora Villamizar – dijo Tony, en forma pausada y muy maliciosa.

Se hizo un silencio sepulcral del otro lado de la línea. Tony prosiguió:

– Mire doctora, no tiene por qué preocuparse. Aunque ya vi el contenido de las fotos, no pienso comentarlo con nadie.

– Le agradezco su discreción señor Herrera – respondió la mujer en un tono de voz mucho más sumiso, y después de algunos segundos de silencio.

– Claro, queee …

– ¿Que, qué…?





– Le diré doctora, creo que es un tema muy delicado y es mejor discutirlo personalmente … ya sabe … para entendernos mejor.

– Pues no veo en que tengamos que entendernos. Como le dije: le agradezco su discreción y le ordeno que destruya esas fotos inmediatamente.

– Ahh, no doctora!. No me ordene nada … o voy a verme obligado a cambiar de opinión!.

Villamizar guardó silencio. Sabía perfectamente el rumbo que podría tomar la situación si no era precavida, así que decidió estirar un poco.

– Dígame entonces, señor Herrera. ¿Puede usted, por favor, eliminar esas fotos y guardar prudencia?

– Permítame ir a su oficina y discutiremos el asunto. Si su respuesta es un ‘no’, desafortunadamente la mía para su pregunta tendrá que ser otro ‘no’.

– En ese caso, venga a mi oficina y conversemos en calma! – dijo Villamizar, absolutamente furiosa de sentirse manipulada por un pinche jefe de taller, pero conciente de que debía actuar de manera astuta.

En menos de 3 minutos, Tony estaba en la oficina de la doctora Laura Villamizar. Comenzó la ‘negociación’, en la cual obviamente Tony tenía todas a su favor, y por eso no tuvo que cuidarse de ser muy delicado para decirle a la doctorcita lo que quería a cambio de su silencio:

– Quiero que me coma la verga, así como se la come al doctor Guerrero!

Obviamente hubo asombro, ofensas, negaciones rotundas, peleas, amenazas de despido de un lado; mientras que por el otro lado Tony simplemente la amenazó con enviar un ‘Forward’ de las fotos al correo común que tiene la empresa (everyone@xxxxxxx.com), desde el cual enviándolo a una sola dirección, lo reciben absolutamente todos los empleados de la compañía. Esta amenaza fue el argumento final. Villamizar terminó por mirarlo con ojos de furia infinita, al sentirse vilmente chantajeada por un simple peón de la empresa, mientras ella, que era la poderosa Gerente de Calidad, quedaba completamente a su merced … pero aceptó!. Tony hizo una petición final:

– Muy bien doctora!. Mientras yo me siento en esa cómoda poltrona desde la cual usted acostumbra abusar de nosotros, usted se va a arrodillar como una esclava entre mis piernas y se va a tragar toda mi penca, mamándola hasta sacarme toda la leche.

– Acabemos con esto de una vez, cerdo inmundo!

Tony se recostó cómodamente en la poltrona del escritorio de la doctora. Ella, vestida con una falda que le daba hasta un poco arriba de las rodillas, finas medias de seda negra, altos zapatos de tacón, blusa negra ajustada y una elegante chaqueta roja; se arrodilló entre las piernas separadas del jefe de taller. Por medio de señas, Tony le indicó que ella misma debía sacarle la verga por entre su pantalón. Ella comenzó torpemente a bajar el zipper delantero, y cuando lo logró, metió la mano agarrando la verga de Tony e intentó extraerla; lo cual se le dificultó debido a que éste ya tenía una considerable erección. Entonces él le retiró las manos y la ayudó a extraer el mástil. A pesar de lo repulsivo de la situación, en su interior Laura admiró la verga que tenía ante sus ojos. Era bastante parecida a la de su colega de las fotos, la cual ella siempre había mamado con gusto, y definitivamente más apetecible que la de su minúsculo marido. La agarró con una mano mientras la otra seguía apoyada sobre un muslo de Tony, e instintivamente comenzó a mover la piel arriba y abajo en un movimiento pausado, mirando fijamente el falo. Tony se relajó más, mientras la veía con placer y lujuria, masturbándolo. La respetada doctora fue aumentando el ritmo de la pajeada, mientras sentía conscientemente como el pene de Tony iba aumentando de tamaño y ganando rigidez. Llegó a convertirse en una verga de unos 17 centímetros, rígida, muy gruesa, en especial en el medio del tronco, y de glande puntiagudo; mientras que ella había llevado el ritmo de la paja al máximo de velocidad que su mano le permitía. Tony le detuvo la mano con la suya, y con la otra la agarró por la barbilla obligándola a mirarlo a los ojos:

– Mira, puta. Sé que conoces bien la diferencia entre una paja y una chupada, así que no te hagas la tonta y comienza!

Dicho esto, le puso la mano detrás de la cabeza y se la empujó fuertemente hacia abajo, obligándola a inclinarse sobre la verga. Los labios de ella estaban entrecerrados, pero se abrieron mecánicamente al sentir la punta de la verga tratando de abrirse paso de forma brusca. Al abrirlos, Tony le empujó la cabeza aun más fuerte, clavándole la verga entera dentro de la boca. Con la misma mano que la empujaba, agarró entonces un buen pedazo de cabello y estrujándola, comenzó a menearle la cabeza arriba y abajo, imponiéndole un ritmo tan rápido que ella jamás hubiera conseguido lograr sola, pero a la vez haciéndola bajar a profundidad, de forma que le clavaba la verga hasta la misma garganta en cada nueva embestida. Laura sintió que se atragantaba con tal ritmo y tal profundidad, pero nada podía hacer sino resistir. La mantuvo así un rato hasta que saciándose el morbo, la soltó. Ella instintivamente se sacó la verga de la boca y agitada, comenzó a respirar profundamente por nariz y boca para intentar recuperar un poco el aliento.





– Sigue chupando Laura, perra de mierda! … nadie te ha mandado a parar!

Ella agarró la verga con una mano y se enderezó un poco sobre sus rodillas. Acomodó la cabeza y volvió a engullir la verga, dejándola deslizar suavemente entre sus labios. Comenzó entonces a mamar a su propio estilo; ese estilo que ella había aprendido desde muy joven y que siempre le encantó a todos sus novios, así como ahora les encantaba al Gerente Guerrero y a sus otros amantes esporádicos, pero que su marido no le permitía practicar en casa por considerarlo mundano. Siguió subiendo y bajando la cabeza lentamente, dejando siempre que el cilindro de la verga se deslizara un poco apretado entre sus labios cerrados, escurriendo mucha saliva cada vez que bajaba, y succionando cada vez que subía hasta la puntiaguda cabeza, pero sin dejar escapar nunca la verga de su boca. A la vez, comenzó a acompañar la mamada con una de sus manos pejeándolo al mismo ritmo del sube y baja de la cabeza, mientras con la otra le acariciaba los huevos muy suavemente, pasándoles las uñas con delicadeza. Tony comenzó a gemir, mientras la llamaba muchas veces de ‘puta’, ‘perra’, ‘zorra’, ‘depravada’ y otras linduras por el estilo.

En un instante, Laura se enderezó y sacándose la verga de la boca, desde arriba muy lentamente dejó caer sobre la punta una porción de saliva. La siguió con la mirada mientras se escurría por el glande de Tony, y luego la recogió con la mano y la regó por toda la verga, mientras lo seguía masturbando acompasadamente con su mano totalmente humedecida. Se iba a inclinar para volver a meterse la verga en la boca, pero Tony la detuvo de nuevo bruscamente, halándola por el cabello. Se inclinó un poco y él mismo soltó otra descarga de saliva sobre su verga; no la dejó caer lentamente como ella había hecho, sino que la escupió fuerte impactando directamente en el cuerpo de la verga. De nuevo la empujó por la cabeza y la hizo tragarse el falo completo de un empellón, pero cuando se lo metió hasta la garganta, la soltó. Ella tomó aire por la nariz y comenzó de nuevo el sube y baja con boca y mano, esta vez a mayor velocidad. Ladeaba la cabeza incrustándose el glande en el interior de una de sus mejillas, haciendo que esta se abultara por el lado de fuera, mientras miraba a Tony a los ojos, de forma desafiante. Luego se enderezaba y continuaba de nuevo con el sube y baja de cabeza y mano, a un ritmo cada vez más acelerado, la espectacular felación. Se mantuvo así, comiéndole la polla al jefe de taller a un ritmo parejo al tiempo que se la pajeada, intentando suministrarle el máximo de placer posible para que la penitencia acabara rápido. Internamente se sentía diferente; aunque chupar pene siempre había sido una de las pasiones de su vida, que al no poder saciar en casa, en la calle siempre encontraba la forma de tener candidatos que la ayudaran a desahogarse, nunca lo había hecho obligada y por eso no sabía si lo estaba disfrutando o no, pero se esmeraba en hacer una buena mamada. Chupaba con esmero, pajeaba con dedicación y su cabeza seguía subiendo y bajando mientras la penca del hombre seguía profanando su boca a gusto, entre gemidos de placer y sonoros ruidos que eran producidos por la espectacular chupada que Laura estaba haciendo. Sintió cómo la verga se ponía cada vez más y más dura, y cómo el cuerpo del hombre se contorneaba, moviendo lentamente las caderas. Tony le ordenó:

– Quiero verte esas tetas, puta!, igual que el cabrón de Guerrero.


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Ella no lo dudó un instante, sabiendo que a este nivel estaba completamente obligada a seguir instrucciones. Sin levantarse, se quitó rápidamente la chaqueta, siguió con la blusa y luego sin ningún preámbulo, se deshizo del brassier. Un hermoso par de pechos saltaron libres; eran grandes y redondos, no tan firmes, pero sí muy provocativos y con un bamboleo espectacular cada vez que ella se movía; de pezones amplios y oscuros, pero muy delicados. Unas tetas espectaculares!. Siguiendo las instrucciones de Tony, se inclinó sobre las piernas de él y se acomodó la verga entre las deliciosas tetas, apretándola entre ellas. Comenzó entonces a subir y bajar con sus manos las tetas, haciéndole una paja con ellas. Esto se conoce como “cubana” o “rusa” según diferentes países. Se veía que otros ya le habían pedido lo mismo, pues demostró mucha experiencia en la maniobra y Tony gozaba como nunca en su vida, mientras ella seguía balanceando su cuerpo arriba y abajo pajeando al hombre con sus tetas. Después de un rato de esta deliciosa paja, él la hizo retirar un poco sacándole la verga de entre las tetas y le soltó un nuevo escupitajo, esta vez entre las grandes masas de carne. Ella se dejó escupir, y con su misma mano regó la saliva por todo el contorno de las tetas, mientras con la otra mano no paraba de pajearlo. Luego se volvió a acomodar la verga en el medio de las tetas, ahora más húmedas, y de nuevo comenzó a balancearse arriba y abajo apretando el falo entre los deliciosos globos, que ahora le permitían deslizarse mejor, aumentando la sensación de ambos. Así se mantuvo otro largo rato, entre gemidos y fuertes movimientos de vaivén.

Luego, Tony la volvió a agarrar por la nuca haciéndola separarse, y con la otra mano se agarró la polla. La insultó un par de veces más, se volvió a soltar un salivazo sobre su verga, y una vez más la hizo tragarse la verga hundiéndole fuertemente la cabeza de un tremendo envión. Igual que al comienzo, la mantuvo agarrada por los cabellos, obligándola a chupar a una velocidad espectacular y enterrándole la verga completa, hasta que los labios de ella se estrellaban con el comienzo de los huevos de él, y su nariz se perdía entre sus vellos púbicos. Le aumentó el ritmo al máximo que su mano le permitía, mientras ella se sentía mareada y ahogada con tanta velocidad y tanta verga en su garganta, al tiempo que la otra mano de Tony se había deslizado abajo y se dedicaba a estrujar inmisericordemente una de sus grandes tetas. De vez en cuando él la obligaba a ladear la cabeza enterrándose la punta de la verga por dentro de la mejilla y abultándose por fuera, como ella lo había hecho antes, solo que de una forma más brutal y grotesca. Luego se la sacó de la boca pero la mantuvo a ella fuertemente sujetada por los cabellos y con la boca babeante, mientras con su otra mano le soltó la teta maltratada, se agarró la verga y comenzó a restregársela por toda la cara. La golpeaba con la verga, dándole latigazos a lado y lado de la cara, también en los labios, la frente y hasta en los ojos. Después de dejarle la cara empapada de su propia saliva y no haber dejado lugar del rostro en que no le restregara la verga, de nuevo se la apretó contra los labios y le volvió a presionar la cabeza hacia abajo, con fuerza, para volver a enterrársela toda en la garganta. Entonces, la agarró a ella por las orejas, utilizando ambas manos. En esta humillante posición, comenzó a moverle otra vez la cabeza arriba y abajo a una gran velocidad y también empujándosela lo más profundo posible, mientras ella solo gemía, y los sonidos guturales y salivares eran tremendos. En esta situación siguieron un buen rato, con Tony Herrera aferrado a las orejas de la doctora Laura Villamizar, moviéndole la cabeza arriba y abajo a gran velocidad, clavándole la verga en la boca, obligándola a chupar desde la cabeza hasta la base de la verga y enterrándosela hasta la garganta, al punto de que ya los ojos de ella habían comenzado a lagrimear. Ambos gemían fuerte; él de placer y ella de una mezcla de humillación, dolor y morbosa excitación.

Finalmente, Laura sintió como el cuerpo de Tony se tensaba al máximo y sus caderas se levantaban para incrustarle la verga hasta el mismo fondo de su capacidad, sintiendo de nuevo sus labios y nariz perdidos entre los pelos de Tony, hasta sentir que se ahogaba. Él puso ambas manos detrás de la cabeza de ella sujetándola firmemente, obligándola a llegar hasta el fondo y deteniendo el movimiento de sube y baja. Simplemente le mantuvo la verga incrustada y con sus manos le impedía mover o apartar la cabeza, mientras él movía fuertemente sus caderas hacia arriba, como queriendo atravesarle la cabeza a ella, al tiempo que sendos chorros de leche caliente y espesa manaban de su falo en erupción. Ella sintió grandes dificultades para respirar y un mareo intenso la invadió por la sensación del brutal vaivén que había sido súbitamente interrumpido. Para auxiliarse a sí misma, comenzó a tragar las grandes cantidades del semen que se seguían alojando en su boca, pero fue imposible evitar que alguna cantidad comenzara a deslizarse por las comisuras de sus labios. Siguió tragando y escurriendo semen, hasta que él se descargó completamente.

Cuando ella sintió que Tony se relajó un poco, se sacó la verga de la boca e intentó levantarse lentamente, pero él la retuvo y le indicó que le limpiara la verga con la lengua. Ella comenzó a lengüetearlo de arriba hasta abajo incluyendo los huevos en sus deliciosas lamidas, mientras sentía que la verga iba poco a poco perdiendo su rigidez. Cuando ella terminó, la verga ya estaba flácida y completamente húmeda de saliva, pero sin restos de semen. La cara de ella por el contrario, tenía grandes cantidades de semen alrededor de la boca que escurriendo, habían goteado un poco sobre sus tetas. Tony estiró las manos y comenzó con sus dedos a restregar los restos de semen por el resto de la cara de ella, hasta dejarla embadurnada. Solo entonces, le permitió levantarse y entrar al baño interno de su oficina a limpiarse e intentar recomponerse un poco su apariencia.

Cuando Laura salió del baño, Tony ya había salido de la oficina. A ella le tomó un tiempo refrescar su cabeza y aclarar sus ideas, procurando tomar la decisión más adecuada para asegurarse que esta situación no la afectaría una vez más.

A pesar que Tony había mantenido su palabra de no volver a pretender repetir su hazaña, a pesar que mantuvo su discreción de no comentar con nadie lo sucedido, a pesar de no haber cambiado su respetuosa actitud pública hacia la poderosa e influyente Gerente; poco menos de dos semanas después recibió la carta donde le informaban que por decisión unilateral, la compañía estaba cerrando su contrato laboral. Le agradecían sus 5 años de servicio y le confirmaban que todo el dinero correspondiente a su indemnización sería depositado en su cuenta de forma inmediata, deseándole muchos éxitos en sus próximos desafíos laborales.

El día que Tony Herrera se marchaba de su oficina, buscó entre sus archivos aquel correo electrónico titulado “Para que no se te olvide…“. Dio click en ‘Reenviar’ y en el renglón ‘Para:’ escribió “everyone@xxxxxxx.com”, luego escribió un pequeño texto que decía “Si hubiera tenido una cámara fotográfica cuando fue mi turno, yo hubiera hecho lo mismo que hizo el doctor Guerrero. Un recuerdo de su amigo … para que a ustedes tampoco se les olvide!, Tony”. Con una inmensa sensación de tranquilidad consigo mismo y con una ligera sonrisa en los labios, dio click en ‘Enviar’. Apagó su computadora y salió por última vez de su oficina.

Cuando atravesó el portón de salida, los guardias le dieron un fuerte apretón de manos y varias palmadas en la espalda, mirándole de una forma que a la vez era de asombro y admiración, y con una sonrisa de malicia tremenda en sus labios, al tiempo que le decían “Bien hecho!!“. Eran caras similares a las que había visto por los pasillos de las oficinas administrativas, mientras se estaba dirigiendo a la salida.


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