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Espero poder contarles lo que me sucedió de la mejor forma posible, para que ustedes lleguen a sentir al menos una pizca de lo que yo sentí. Soy un adolescente con todos los problemas que traen consigo la edad, tengo pelo negro, ojos marrones, nada fuera de lo normal. Hasta el día de hoy vivo con mis padres, aunque tengo una hermana mayor que se llama Micaela y está estudiando para ser arquitecta, ella vive con su novio. La relación con mi hermana es normal, la mayoría de las veces estamos peleando por trivialidades pero generalmente nos llevamos bien.

Cierto día Micaela me invitó a pasar un par de días en su casa, ya que el novio se había ido y no estaba acostumbrada a estar sola, con gusto acepté. En el segundo día que estuve allí nos visitó una amiga de ella que hasta ese momento yo no conocía. Esta chica era realmente sensacional, en el momento en que entró ya me había cautivado con su melena castaña enrulada, su piel fluida y sus ojos marrones. Recuerdo cuando Micaela la saludó, porque allí oí por primera vez su nombre, Magali. Ella quería hablar con mi hermana para ver si podía quedarse a dormir unos días, ya que, por la llegada inesperada de unos parientes, en su casa no había espacio suficiente. Micaela no tuvo problemas en decirle que sí, su casa tenía lugar al menos para una persona más, por supuesto que yo estaba muy emocionado por la idea. Magali se fue y al rato volvió con su ropa y otras cosas de utilidad. Vale decir que ella estudiaba psicología, por lo cual siempre estaba tratando de descifrar a la gente mediante charlas que eran más bien interrogatorios, eso lo descubrí el tiempo que compartí con ella.

Esa misma noche, mientras estábamos comiendo, llamaron por teléfono a mi hermana, noté por su cara (y algunos que otros insultos) que no eran buenas noticias. Al parecer la fecha de entrega de una trabajo se había adelantado, cosa que la obligaba a tener que terminarlo lo más pronto posible. Micaela nos dijo que tenía que ir urgente a la casa de una compañera de estudio, que la disculpáramos. Magali, a tono de broma dijo que no se preocupara, que al menos yo estaría allí para hacerle compañía, en ese momento me puse rojo como un tomate. Así mi hermana se fue dejándome solo con esta chica que despertaba en mí pensamientos de lujuria. Los dos nos quedamos callados mientras comíamos, hasta que ella cortó el silencio.


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“Así que vos sos el hermanito de Micaela”

“El hermanito no, no soy tan chico”

“Eso se nota, y decime, ¿tenés novia?”

“¿Novia? no, por ahora no”

“Que lástima”

Malditas indirectas, nunca supe manejarlas y ese no era un buen momento para aprender. Puse mi mejor cara y seguí con la conversación.

“¿Y vos?”

“Siempre hay chicos pero nada serio ¿te puedo hacer una pregunta atrevida?”

“Mmmm… bueno”

“Contame ¿tenés alguna fantasía?”

“¿Fantasía? creo que sí… como todos”

“¿Cuál? tengo curiosidad”

“Nah, prefiero guardármela”

“Como quieras, si vos me contabas la tuya yo te contaba la mía”

La comida se atoró en mi garganta por un segundo, imagínense.

“¿En serio?”

“Sí, pero como no queres…”

Tenía muchas ganas de escuchar su fantasía, era una gran oportunidad, decidí arriesgarme.

“Está bien, te la voy a decir”

“Pero esperá vamos al living, ahí vamos a estar más en la onda para este tipo de conversación”

Pusimos los platos en el lavadero y fuimos hacia el living, aunque yo desconfiaba un poco de lo que estaba sucediendo. Magali tomó los almohadones del sofá y los puso en el piso para que nos sentáramos.

“Ahora estamos más cómodos ¿no te parece?”

“Creo que sí”

“Contame, con lujo de detalles”

“A decir verdad no es muy complicada ni rebuscada, me gustaría mucho estar con… con dos mujeres al mismo tiempo, ya está”

“¿Sí? ¿y como te imaginas a las mujeres?”

“Bueno, una tiene el pelo oscuro, la otra tiene pelo castaño”

“¿Cómo yo?” dijo mientras se tocaba el pelo. Yo ya estaba comenzando a sudar, no me había dado cuenta de mis palabras.

“Ehmmm, si, puede ser como vos, yo no sé”

“¿Y cuál de las dos te gusta más?”

“No importa, las dos son lindas, no hay mucha diferencia”

“Si hay diferencia, no te hagas el tonto”

“Creo que la de ojos marrones”

“Que curioso ¿vos crees que yo soy tan linda como la chica de tu fantasía?”

“¿Por qué me preguntas eso?”

“¿Por qué tratas de evadirme?”

“No te estoy evadiendo”

“A mí me parece que si, ahora contestame ¿soy tan linda como ella o no?”

“Creo que sí”

Para ese momento ya estaba divagando entre palabras, diciendo lo primero que llegaba a mi cabeza, tenía muchas ganas de irme de allí antes de meter la pata. Hubo un pequeño silencio, hasta que ella puso su mano sobre la mía y dijo

“Ahora te voy a decir cual es mi fantasía, aunque no sé si vas a poder aguantarla”

Eso fue demasiado para mí, me levanté acalorado y ella se levantó conmigo.

“Me parece que mejor me voy a dormir”

“Pero no escuchaste lo que te quería contar, vamos, no te asustes, estamos jugando” me dijo.

“No me asusté, es que tengo sueño” dije, tratando de fingir un bostezo.

Ella se quedó mirándome con una pequeña sonrisa en su cara, notaba que yo estaba mintiendo.

“Chicos…”

Comenzó a acercarse hacia mí con la mirada fija en mis ojos, hipnotizándome, tratando de acorralarme. Era una chica alta y tenía un cuerpo apetitoso, se notaba a través de la ropa las curvas que cuidaba celosamente. De pronto tropecé con uno de los almohadones y caí al piso. Ella en vez de ayudarme a levantarme se puso sobre mí y atinó a besarme, mientras que sus manos tocaban mis piernas y su busto se clavaban en mi pecho. Yo me quedé inmóvil sin saber que hacer, era una situación que escapaba a mi control. Magali en cambio sabía muy bien lo que hacía, en vez de besarme mordía levemente mis labios y pasaba su lengua en ellos, también besaba mi cuello y lo chupaba, produciéndome cosquillas.

“Magali ¿qué estás haciendo?” pregunté totalmente a su merced. Ella no respondió, seguía abasteciéndome de erotismo en silencio.





No me di cuenta cuando bajó el cierre de mi pantalón, pero si me di cuenta cuando comenzó a luchar con mi bóxer, tratando de sacar mi pene a la luz.

“Espera… espera” le dije.

Magali me miró pensando que iba a decirle que se detuviese, pero nada de eso.

“Yo lo saco”

“Apurate” dijo por fin.

Nervioso como nunca bajé el pantalón hasta mis rodillas, pero cuando iba a quitarme el bóxer Magali se agachó un poco y comenzó a desnudarme ella misma. Notaba en su cara algo de ansiedad, una sonrisa cómplice y rubor en sus mejillas. Ya no había nada de ropa que nos separase, mi pene estaba justo delante de ella, esperando el siguiente paso. Ella acercó sus labios y le dio un piquito justo en la punta.

“¿Alguna vez te hicieron esto?” preguntó.

“No, nunca”

“Mejor, te voy a ordeñar hasta que te quedes seco chiquito”

Comenzó a sacudir mi pene con su mano como si fuese un juguete, también me rascaba los huevos con sus largas uñas mientras me decía unos cuantos cumplidos.

“Que linda cosita que tengo entre las manos, durita”

Yo me sentía fuera de lugar, imagínense, una hermosa chica mayor que yo estaba masturbándome, haciendo tiempo antes de practicarme sexo oral mientras me decía obscenidades, esa situación podría volver loco a más de uno. A todo esto su mano recorría la longitud de mi pene, mientras que la otra la usaba como cuna para mis testículos, meciéndolos de aquí para allá. Yo lo único que quería en ese momento era sentir sus labios, pero ella se hacía esperar. Siguió masturbándome un poco más acariciando mi pene de punta a punta, mis líquidos brotaban del agujerito del glande posándose en su mano, ella lo esparcía a lo largo de mi falo en cada movimiento que hacía, para que estuviese más resbaladizo. En cierto momento acercó su cara con la boca entreabierta, pensé que había llegado el momento pero no… en vez de eso comenzó a hacer círculos con mi pene por sobre sus labios, una y otra vez, untándose mis fluidos. Yo ya estaba enojándome por su paciencia, de pronto se metió el pene en la boca, lo chupó apenas y lo sacó hacia fuera haciendo que muera de ganas.

“¿Tenés ganas de que la chupe bien, no?”

“¡Sí!”

“¿Muchas ganas?”

“¡Muchísimas!”

Magali me miró con sus ojos marrones, bajó un poco su rostro y comenzó a pasar su lengua por debajo de mis testículos, acercándose irremediablemente hacia el glande. Cuando llegó a él empezó a rozarlo con su lengua, por suerte no tardó mucho en metérselo dentro de su húmeda boca de nuevo. Sentí un placer exagerado todo de una vez, seguramente esto era mejor que cualquier paja que me hubiese hecho en el pasado, parecía que había valido la pena esperar. Magali chupaba mi pene de una forma lenta y apetitosa, buscando probar el sabor que tenía, su mano hacia movimientos giratorios hacia arriba y hacia abajo, acompañando su lengua. De a momentos lo quitaba de su boca, pasaba la lengua por el palo, por mis testículos y mirándome se lo tragaba nuevamente. Mi cuerpo se encorvaba instintivamente y trataba de alejarse, pero ella me tenía bien agarrado de las piernas y me acercaba otra vez hacia su orificio bucal. Yo sentía en cada lamida que llegaba al orgasmo, la resistencia que tenía dejaba mucho que desear, mi corazón latía fuertemente y mi respiración era cada vez más notoria, cuando pensé que no podía aguantar más ella se tomó una pausa.

“¿Que pasa?” pregunté.

“Nada, me voy a poner más cómoda” dijo, mientras se ponía de rodillas frente a mí. Con sensualidad se quitó la blusa que llevaba puesta y quedó sólo con su corpiño que tapaba innecesariamente sus senos.





“El sabor de tu verga es estupendo” dijo mientras terminaba de desabrocharse.

Parecía estar acostumbrada a este tipo de situaciones, yo estaba en las nubes, transpirando como nunca. Cuando se quitó el sostén pude apreciar sus atributos, eran normales pero maravillosos, tenía unos pezones chiquitos y rozaditos. Ella apretó sus pechos con los brazos para que sobresalieran más.

“Que linda que sos” le dije sin poder contenerme.

“Gracias, vení para acá que no terminé todavía con vos” dijo mientras que señalaba mi pito.

Magali se acercó nuevamente y pasó mi pene por sus pezones, alternando uno con el otro. La pausa no duró mucho, apresuradamente comenzó a chupar de nuevo, su lengua estaba totalmente descontrolada y sus labios resbaladizos facilitaban la entrada y salida. Un orgasmo en estas situaciones es inevitable y el mío estaba desesperado por presentarse. Como todo un caballero traté de avisarle

“Magali… Magali…”

Ella no me escuchaba, al contrario, apretó sus labios y comenzó a moverse con más velocidad, no quería darme descanso.

“Magali… ya viene… ¡no puedo aguantar más!”

Pero nada, parecía que estaba muy concentrada, no quería detenerla pero tampoco quería que tuviésemos un accidente tan tonto. Haciendo uso de mi fuerza logré escapar de su boca, corriendo su cara un poco hacia atrás con mis manos. Empecé a gemir a causa del placer que se estaba avecinando, de pronto mi pene empezó a palpitar, ella se dio cuenta rápido y acercó su mano para masturbarme y controlar la dirección. El primer chorro fue pequeño y apenas llegó a su boca, en cambio el segundo fue mucho más lejos y aterrizó en su cara, algo de mi semen cayó también en mi cuerpo y en sus manos. Sentí que había perdido muchísima fuerza en ese momento, un escalofrío había recorrido mi cuerpo y se había llevado toda mi energía, por suerte estaba acostado.

“Mmmm, no hay nada mejor que tener leche toda sobre mi cara… se siente tan bien” dijo mientras pasaba sus dedos la emulsión casi transparente.

“Uy, que calentito que está”, llevó un poco a su boca y lo probó golosamente “Y rico también”

Magali siguió masturbándome un poco más, usando mi propia leche como lubricante, el chapoteo que eso provocaba era de lo mejor. Al ratito se puso de pie, tomó su ropa y me dijo

“Estoy cansada, me voy a acostar”

“Está bien” respondí algo atónito.

“Hasta mañana”

No podía creer la naturaleza que tenía esa chica, después de algo así pensé que las cosas serían distintas. Me quedé acostado un par de minutos reviviendo lo que había sucedido, hasta que decidí levantarme. Llegué el baño para asearme un poco y sin perder mucho tiempo me fui a acostar, el cansancio era exuberante.

Al otro día cuando me levanté ella estaba en la cocina preparando el café, mi hermana había llegado muy tarde y estaba durmiendo profundamente. Cuando me acerqué vi que estaba vestida con un pijama bastante infantil, me causaba cierto morbo verla con esas ropas, ya saben. Ella se dio cuenta de mi presencia y con una sonrisa me saludó.

“Buenos días”

“Buenos días” respondí.

“¿Cómo dormiste?”

“Bien creo”

“Ya me parece, los dos terminamos muertos ayer”

“Parece que sí”

Yo me senté en una de las sillas de la cocina y ella me alcanzó una taza de café, luego se sentó enfrente mío con su taza de café, y prendió un cigarrillo de un paquete que trajo consigo.

“No sabía que fumaras”

“Es un vicio que todavía no pude dejar ¿vos fumas?”

“No, no me gusta. Mi vicio es el café”

Ambos nos quedamos callados sin decir nada, relajándonos con café y cigarrillos. Yo quería decir algo, pero no encontraba palabras, estaba mudo como Bernardo. Cuando terminó de tomar su taza de café se levantó de la mesa y con unos pasos silenciosos se acercó a mí, me dio un pequeño beso en la mejilla y susurró.

“¿Sabés? anoche hice realidad mi fantasía”

Yo asentí con la cabeza, acalorado por la revelación. La miré mientras se iba, moviendo su cola y sus largas piernas cubiertas con el pijama, llamando al desenfreno. De seguro sería uno de los mejores recuerdos de mi vida.


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