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No lo podía creer, pero delante de mis ojos mi mejor amigo, Carlos, se estaba tirando a mi mujer…

Todo había empezado un viernes, quedamos con nuestros mejores amigos, una pareja de Madrid, para cenar.

Carlos e Irene nos llamaron para cenar, íbamos a celebrar la adquisición de su nuevo coche, un BMW impresionante. Quedamos a las 21:00 horas. Mi mujer, Susana, iba preciosa, como siempre, con su faldita corta, sus medias de encaje, adornadas con un liguero y un tanguita que eran mi autentica devoción. Zapatos de tacón alto y una blusa semitransparente que dejaba ver su sujetador de encaje también, claro.

Tenemos la sana costumbre de que cada vez que salimos a cenar o a tomar copas creamos en casa un poco de ambiente y nos excitamos a tope. Yo me encargo de saborear sus dulces pezones y ponerselos duros como piedras, así como de introducir algún dedo en su ya húmedo coñito, mientras ella se dedica a chuparme la polla durante unos minutos, lo justo para salir excitadísimos de casa y así buscar toda la noche los sitios más insospechados para follar. La verdad es que siempre lo pasabamos bien, en la discoteca, en el coche, cualquier sitio era bueno para continuar lo que habíamos empezado en casa.

Aquella noche pasó algo parecido, pero cuando íbamos en el coche se me ocurrió que Susana esa noche debía ir sin bragas. Se le dije, y claro accedió. Ibamos circulando por una concurrida calle de Madrid y se subió un poco la falda y procedió a quitarse el tanga. Me lo dió a oler y me lo metió en un bolsillo. Allí se quedó.

Pude echar un rápido vistazo a su coñito, recortadito y moreno que durante unos segundos quedó a la vista. Lo que no se es si el conductor del autobús que iba al lado también lo vió porque se pasó unos cuantos metros de la parada.

Llegamos al restaurante y en la mesa ya estaban esperándonos Carlos e Irene. Irene estaba preciosa, como siempre, no es que sea una belleza pero tiene algo que siempre me ha atraído de ella, no es lata, ni tiene grandes tetas, ni un cuerpo de muerte, pero es Muy simpática, tiene unas tetitas normales, eso si, siempre mirando hacia arriba y cada vez que la he visto en topless en la plata he soñado con el día en que fueran mías.

El caso es que nos dimos los correspondientes besos y a cenar.

Durante la cena no pasó nada, excepto que el vinillo empezaba a hacer efecto, se notaba en las risas de Irene y Susana. Yo estaba mas caliente que un volcán pensando en que mi mujercita iba sin bragas y estaba loco por terminar la cena y follármela en cualquier sitio.




Después de cenar nos fuimos en su flamante coche nuevo a tomar una copas y dado que el nivelde alcohol era un poco elevado decidimos dejar nuestro coche en el restaurante y coger un taxi, aunque Carlos se empeño en acercarnos a casa. Al llegar a casa estaba deseando entrar para clavársela a Susana en el ascensor. Pero Susana se empeño en celebrar la compra del coche con una botellita de un espléndido cava que teníamos reservado para las grandes ocasiones. Irene no tardó ni un segundo en decir que sí y los cuatro subimos a casa. Debía esperar a que se fueran para darme el gustazo de follarme a Susana, pero no dejaba de pensar en las tetas de Irene, que en el ascensor tuve la ocasión de disfrutarlas gracias a su generoso escote y la proximidad de nuestros cuerpos en tan reducido espacio.

Al llegar a casa pasamos al saón, me quite la chaqueta, Irene me pidió fuego y yo le contesté que buscara en los bolsillos de la chaqueta. Aquello fue el origen de todo.

Al buscar Irene fuego en los bolsillos de mi chaqueta encontró las bragas que Susana se había quitado en el coche. Olvidé aquel detalle. Cuando Irene encontró las braguitas dijo:

– ¿Que es esto?

Y sacó un tanga minúsculo del bolsillo de mi chaqueta. Susana y yo nos quedamos helados.

Intenté contestar alguna estupidez…

– Nada Irene, solo es que….

– ¿Nada? -Dijo Irene- Pues a mi me parecen unas braguitas muy bonitas. ¿Qué son, un trofeo de alguna conquista?

– No mujer, -dijo Susana- son mías.

– Ya me imaginaba -contesto Susana- pero ¿que hacen en un bolsillo de la chaqueta? ¿No las deberías llevar puestas?

– Mujer, las llevaba de repuesto.

– ¿Seguro? ¿No será que….?

No se que fué si el alcohol el responsable, pero Irene se acercó a donde estaba Susana y metió la mano debajo de su falda para comprobar si llevaba bragas. Mi mujer se quedó quieta, sin saber que hacer o que decir, Carlos tenía los ojos fijos en la escena, supongo que para no perder detalle y yo me quedé boquiabierto con la botella de cava en las manos.

Irene simplemente se levantó y le dijo a Susana:

– ¿Llevas toda la noche sin bragas?

– Si -contesto Susana-

– Puesto esto no puede quedar así. Si tu vas provocando yo también.

Y según dijo eso Irene se levantó un poco la falda metió sus manos debajo de ella y tiró de sus bragas hacia abajo, se quedó con ellas a la altura de las rodillas y se bajo otra vez la falda, no pude ver nada pero aquella imagen quedara grabada en mi memoria para siempre: Irene, con las bragas a la altura de las rodillas en mi casa.

Luego las dejo caer, las recogió del suelo y se las dió a Susana. Nadie dijo nada, Susana se quedó mirando las bragas y Carlos y yo nos miramos mutuamente. Aquello no podía ser verdad, entonces Carlos tomó la iniciativa:

– Irene, ya que estas así quítate también el sujetador y nos provocas de verdad, como haces cuando estamos solos.

– Claro -contesto Irene- y vosotros mientras mirando, que listos. Solo me quito más ropa si todos lo hacemos.

Al oir aquello mi mente empezó a funcionar, tenía que sacar provecho de aquella situación y con voz pausada me dirigí a los tres:

– Os propongo un juego. Sacamos una baraja de cartas, yo reparto y el que tenga la carta más alta le quita una prenda al que tenga la carta más baja.

– ¿Y si son del mismo sexo? -Preguntó Carlos-

– No importa, ¿o alguien tiene algún problema?

Hubo un pequeño silencio, Susana me miraba con una sonrisa cómplice, y Carlos e Irene cruzaron sus miradas. El que calla otorga, así que fui a la habitación y cogí una baraja.

Nos sentamos en el sofá. Las chicas estaban muy excitadas y además tenían pocas prendas y no llevaban bragas. En menos de cinco minutos Irene había perdido los zapatos y la blusa, fue una delicia para mi desabotornarle la blusa, que además hice lentamente y mis torpes dedos hacían que aquello durara más tiempo del debido. Susana estaba igual que Irene, con la falda y el sujetador, pero la diferencia era que Susana llevaba medias y liguero mientras que Irene solo tenía la falda y el sujetador, y debajo de aquellas prendas estaba su desnudez absoluta.








Carlos estaba con el torso desnudo, debo reconocer que esta muy bien físicamente, pero conservaba los pantalones. Yo en cambio solo tenía los boxes.

Hasta ese momento todo había ido bien, nos habíamos reído, disfrutado del momento, pero llegó el momento en el que Irene perdió y yo gané. Ahora debía quitarle una prenda, no sabía si ver sus deliciosas tetas, que me volvían loco aunque ya se las había visto en la playa, o por el contrario que nos mostrara su chochito.

Me decidí por las tetas, habría tiempo para más.

Le dije a Irene que se pusiera de pie, quería que fuera toda una ceremonia. Me puse detrás de ella y le desabroché el cierre. Antes de soltárselo le pedí que juntara los brazos al cuerpo para evitar que cayera el sujetador. Me puse delante de ella y con ambas manos sujeté el sujetador por encime de sus tetas. Nadie dijo nada en contra, por lo que me recreé en ello, después de unos segundos de manoseo le dije que por favor pusiera sus manos detrás de la cabeza. Esto siempre lo hago con Susana, para que sus tetas se muestren desafiantes ante mi. Una vez que tuvo sus manos detrás de la cabeza separé las mías de sus pechos y el sujetador las acompañó en el movimiento, mostrando ante mi ese par de preciosas tetas que aunque ya se las había visto aquello era diferente. Sus pezones estaban duros como piedras y miraban hacia arriba, desafiantes, como a mi me gustan.

Irene bajo los brazos y nos sentamos, cuando me senté pude comprobar como mi polla había reaccionado adecuadamente a la situación y aunque era un poco embarazoso no me preocupé por ello, es más, me gustó mostrarme así delante de las chicas, sobre todo de Irene.

Carlos por su parte pareció no darle importancia a que yo le hubiera sobado las tetas a su mujer, aunque fuera por encima del sujetador y Susana seguía con esa sonrisa mezcla de excitación y complicidad.

La siguiente mano perdí yo y ganó Susana, hubiera preferido a Irene, pero bueno que se la va a hacer, me levante y me puse a su lado, ella sin levantarse y sin cortarse lo más mínimo tiró de mis boxer hacia abajo y mi polla saltó delante de la cara de mi mujer, que sin cortarse lo mas mínimo se la llevó a la boca, le dio un par de lametazos me tocó los huevos con una mano y dijo:

– Bueno, ya tienes bastante por ahora.

Mi polla parecía que iba a reventar, cuando me dirigía a mi sitio comprobé como los ojos de Irene estaban fijos en mi polla, aquello me gusto. Miré a Carlos y estaba embobado mirando a Susana. Sin duda aquella era la ocasión propicia para mis planes y Decidí jugármela, miré a Carlos y le dije:

– Con tu permiso…

Me dirigí al sitio de Irene y me situé a su lado, mi polla quedaba a la altura de su cabeza, ella se giró y no lo dudó, agarró mi erecta polla con una mano y empezó a tocarla, era genial. Susana y Carlos miraban la escena perplejos, sin decir nada.

Irene entonces agarró mi polla firmemente y la dirigió a su boca. Aquello era maravilloso, la deje que fuera ella quien marcara el ritmo, lo hacía muy bien. Entonces se me ocurrió una idea, le hice un gesto a Susana para que se acercara.

Mientras Irene continuaba con su mamada, coloqué a Susana de espaldas a mi y de frente a Carlos. La fui desnudando lentamente, quitandolo las pocas prendas que le quedaban. Cuando le enseñe las tetas de mi mujer a Carlos este no aguantó más, se sacó la polla y empezó a masturbarse delante de nosotros.

Irene seguía chupando mi polla magistralmente y yo debía seguir dándole a Carlos algo más para que a cambio me dejara disfrutar de su mujer. Susana se dejaba hacer, sin duda estaba muy excitada y cuando se encuentra así es totalmente manejable. Estaba a punto de correrme y decidí que era el momento de conocer un poco más de la anatomía de Irene. La hice ponerse de pié delante de mi y le quite la falda, al caer al suelo me mostró su coño.





No quería esperar más y la puse contra el sillón, apoyó sus manos en uno de los lados y me ofreció su coño. Se la metí de un solo empujón, no quise esperar más. Irene empezó a gemir y rompió el silencio. Vi como Carlos dejó de prestar atención a Susana y empezó a mirar como me follaba a su mujer, así que decidí darle algo más. Desnudé por completo a Susana y su maravilloso cuerpo desnudo volvió a atraer la atención de Carlos, que ya completamente excitado se levantó y se acercó a mi mujer. Susana se puso de rodillas delante de él y empezó a mamársela como solo ella sabe hacerlo.

Mientras, yo no podía aguantar más, creo que Irene se corrió antes que yo, pero me daba igual, eyaculé dentro de su coño y permanecí dentro de él moviéndome despacio y disfrutando del momento, veía aquel culo que por fin era mio, por fin podía disfrutar de él.

Entonces volví a la realidad no me había fijado pero Carlos se estaba follando a mi mujer, cuando le vi detrás de ella, clavándosela hasta el fondo me dieron ganas de gritar, pero aquella imagen hizo que mi polla volviera a reaccionar y no lo dude, la saque de su coño y sin tiempo a reaccionar se la metí directamente en el culo, sin preámbulos, sin duda era virgen por aquel agujero y costó que entrara, pero entró, se abrió camino por aquel angosto canal hasta que los gritos de dolor de Irene se convirtieron en gritos de placer. Entonces empecé a darle azotes en el culo con la palma de mi mano y aquello Pareció excitarla aún más, empezó a decir groserías que solo conseguían que mi polla la penetrara mas salvajamente, aunque sin duda aquello era lo que buscaba.

Me olvidé por completo de Susana y Carlos y me dediqué a follarme de todas las maneras posibles a Irene, probamos todas las posturas que ella y yo conocíamos y acabamos en la cocina, Irene tumbada de espaldas en la mesa de la cocina con el coño lleno de nata y y chorreando semen por el culo, no recuerdo otra experiencia similar.



Aquella noche cuando nos despedimos prometimos cenar todos los Sábados, pero con un aliciente, cada Sábado uno de los cuatro debería proponer un juego distinto, ya os contaré.

FIN


1 comentario

Victor hugo · agosto 7, 2018 a las 4:25 am

Un relato exelente

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