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Mi nombre es Natalia, tengo 35 años, odontóloga y vivo en Buenos Aires.

Hace un año me encontraba muy sola y triste después de haber pasado por la experiencia traumática de una separación. Con mi ex nos divorciamos después que empezamos a tener problemas sin solución en nuestro matrimonio. La situación se estaba volviendo más que intolerante por lo que decidimos ponerle un fin lo menos traumático posible.

Una íntima amiga, Roxana, siempre fue mi cable a tierra y me apoyó en todo momento para que pudiera superar el trance. Empezamos a salir juntas, íbamos a bailar, al cine, en fin, nos divertíamos. Ella me aconsejaba para que comenzara a salir con hombres, pero yo no tenía muchas ganas de tener relaciones ocasionales y mucho menos meterme en compromisos.

Me contó que estaba saliendo con un tipo, Gabriel con el que solo se veían cuando tenían ganas. Lo había conocido a través de un chat y la pasaba mas que espectacular. Con él hacía todo lo que tenía ganas sin tener que pedir permiso. Ella me describía con lujo de detalles dónde, cómo y cuándo lo hacía. Es más, él la inició en el sexo anal, cosa que antes ella siempre había evitado. Se encontraban en sus departamentos o si no en algún hotel.

Él estaba bastante bien agraciado por la naturaleza y lo que es mejor, tenía una excelente capacidad de erección, cosa que a Roxy la volvía loca porque podía disfrutar de largas sesiones de sexo. Además él era muy cariñoso y siempre se preocupaba por que ella la pasara bien. A mí me alegraba que ella pudiera vivir esa experiencia, sobre todo porque se la veía muy contenta y radiante.








Un sábado a la nochecita, nos fuimos las dos a tomar algo a un barcito. No podía quedarse mucho porque tenía que visitarlo a Gabriel. Cuando se estaba por ir me preguntó si quería que la acompañara. Obviamente me negué, pero ante su insistencia, decidí que lo iba a hacer, con la condición de que me avisara cuándo era el momento de retirarme.

Llegamos, tocamos el timbre y apareció él. Morocho, ojos verdes, buena figura y no muy simpático al comienzo. Tal cual como me había sido descrito. Puso cara de sorpresa cuando me vio, ya que no me esperaba, nos invitó a subir y enseguida nos pusimos todos a charlar.

En todo momento me hicieron sentir muy cómoda. Pusimos música, comimos algo, bebimos champán, nos reíamos de los casos y cosas que comentábamos y consideré que ya era el momento de huir. Ya era casi medianoche y ellos ya había empezado a intercambiar caricias más que sugerentes.

Cuando se los dije, él me dijo que no hacía falta que me fuera, ya que tenía una habitación libre y que ellos se iban a encerrar en otra sin hacer mucho ruido. Trabé la puerta, me saqué la ropa y me acosté con la esperanza de dormirme porque algunas burbujitas estaban haciendo efecto.

Al rato se escuchaban algunos ruiditos. Evidentemente había comenzado la función. A medida que pasaban los minutos yo me había empezado a calentar por lo que escuchaba. Me desnudé por completo y mis manos empezaron a hacer su trabajo con mi cuerpo, algo de lo que me había acostumbrado, después de tanta sequía amatoria. Estaba realmente excitada y toda mojada, me mordía los labios para no gemir muy fuerte, pero necesitaba más, quería algo más. Tuve un buen orgasmo, me chupé los deditos y me levanté. Abrí la puerta despacio.

Nunca fui voyeur, pero sentía muchas ganas de ver que ocurría en la otra habitación. Por suerte la puerta no estaba del todo cerrada. Cuando me arrimé vi a Roxy en cuatro patas y a Gabriel metiéndosela en la concha, le besaba la espalda y le franeleaba las tetas. Mi cabeza iba a mil por lo que veía y ahora sí estaba llegando al límite del éxtasis. Podía divisar los gestos de ella y la lujuria reflejada en su cara. En un movimiento quedaron de frente a la puerta. Ahí fue cuando ella me vio. Tuve una sensación de terror terrible, pero me tranquilicé inmediatamente cuando Roxy me sonrió y me hizo saber que estaba todo bien. Ahora ya más suelta me manoseé nuevamente y sentí mi nuevo orgasmo cuando ella también lo alcanzó.

Tenía los ojos cerrados cuando una mano me hizo salir del letargo. Cuando los abrí, estaba él parado delante de mí, mirándome y sonriendo, observando mi desnudez. Cuando quise hacerme a un lado, me topé con Roxy que me abrazaba por las espalda. No sabía si correr, reírme, pedir perdón. Estaba muy confundida. Eran demasiadas cosas juntas, yo ahí cuando no lo había planeado y la situación, porque era algo impensado.

Ella abrió el juego.

-Mmmm traviesa, me parece que te voy a tener que prestar mi macho.

No pude responder nada. No podía pensar nada. Él me abrazó y me hundió la lengua hasta la garganta. Parecía que no quería terminar nunca ese beso. Inmediatamente se lo devolví y lo rodeé con mis brazos.

Ella nos fue empujando despacio hasta que caímos los tres en la cama. Gabriel se ubicó encima mío y seguía con su catarata de besos. Bajaba lentamente para situarse en mis tetas. Las chupaba, las mordía y yo ya estaba fuera de mí. Luego siguió su camino, me abrió totalmente las piernas y hundió su cara en mi ávida conchita. Me recorría toda con su lengua, me la metía, me daba unas estocadas que me hacían revolver sobre las sábanas. Roxy me miraba a los ojos, estaba muy excitada y ella fue quien se ocupaba ahora de mis tetas. Yo no lo podía creer. Nunca había estado con una mujer y tampoco sabía que ella hubiera tenido ese tipo de vivencias. Estaba experimentado un placer total y ya me animaba a todo, hasta para decir:

-¡¡¡Macho!!!. ¡¡¡Por favor cógeme que no doy más!!!.

Él no se hizo rogar. Agarró su pija durísima y me la metió toda de una vez. A mí se me dieron vuelta los ojos porque estaba un poco estrecha, pero me encantó. Me retorcía como loca. Los tres nos besábamos en la boca y nos decíamos de todo. Alcancé un potente orgasmo que me dejó casi sin sentido y tirada.

Gabriel salió de mí, todavía estaba empalmadísimo y como a mí, también se la puso a Roxy de una vez, cuando ella solícitamente se había puesto nuevamente en cuatro patas. No me había alcanzado a recuperar cuando sentí la lengua de mi amiga en la concha. Era algo increíble, me sentía morir, pero feliz de la vida. Acabamos las dos juntas, ella por los pijazos de Gaby y yo por sus lamidas. El salió de ella y todavía seguía al palo. Me agarró la cabeza y me hizo chuparle la pija. La recorría toda con mi lengua y la hacía aparecer y desaparecer en mi boca. Probé el sabor de ella y eso me animó a tomar mi primer iniciativa.

La tumbé nuevamente en la cama y me dispuse a comerla toda. Estaba hecha toda una golosa y jugueteaba con mi lengua, tragándome todos su juguitos. Gaby no perdió el tiempo y me la metió nuevamente hasta el fondo. Era un concierto de gemidos. Estábamos todos bañados en sudor y en nuestros propios fluidos. Él estaba ya dando muestras de que quería acabar porque aumentaba sus movimientos, por lo que también yo la azotaba con mi lengua a Roxy.



Sentí su leche cuando me inundaba, sentía también mi quinto orgasmo y pude beberme el de mi amiga cuando me tiraba de pelo gritando como una posesa. Caímos los tres rendidos, pero pletóricos por la noche vivida. No hubo muchas palabras. No hacían falta. Nos estábamos quedando dormidos, cuando dije.

-Muchas gracias a los dos.

Les di un beso a cada uno y nos quedamos abrazados fundiéndonos en un solo ser.

La historia continúa….


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