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Esta mañana el Sol me deslumbra sobremanera mientras conduzco hacia ti…

Voy a tu encuentro, ansioso, nublado por la pasión y muy excitado. El recuerdo incesante de mi último sueño me ha hechizado y no puedo ordenar mis pensamientos. No soy yo, un ser humano que vive entorno a normas sociales, no, ahora el que se dirige encontrarse contigo es un animal, un ente irreconocible con un apetito sexual infrenable. No atiendo a normas, lucho contra mi mismo pero no puedo…ardo en deseo…

…Había gente en el establecimiento y tu mirada de cierta complicidad me hizo comprender que no era posible, allí delante, nada. Una vez más me iría de vacío para casa. Un guiño tuyo y giré tras dedicarte media sonrisa como tantas veces, pero…fue entonces cuando todo cambio.

Me volví hacia atrás y vi que entrabas en el privado. No lo pensé dos veces, mi pulso se aceleró, mis manos empezaron a sudar, mi gesto era serio, ruborizado, miré a todos lados escudriñando entre la gente y, nada, ninguna mirada. Entonces alcancé el pomo de la puerta, lo giré y se abrió. Pase muy rápido y cerré con energía tras de mí. No veía nada, todo estaba oscuro y no podía hallar ningún interruptor de la luz. Mis sienes iban a estallar, las manos ya estaban empapadas y temblaba como un niño, pero estaba muy excitado. Tras unos segundos mi vista se acomodó y vislumbre algo de claridad por debajo de una puerta. Me dirigí a ella y nuevamente lo intenté. Se abrió sin dificultad y un rayo de luz me cegó mientras a contraluz reconocí tu silueta de perfil, de pié, mientras mirabas un espejo frente al minúsculo lavabo.

Todo fue muy rápido. Tu grito apagado por mi mano en tu boca, tu expresión de asombro, mi beso en tu mejilla y luego tu voz dulce y temblorosa a la vez que me preguntabas que hacía allí. No hubo respuesta…

Mis labios se pegaron a los tuyos y mi lengua pasó ágil a luchar con la tuya. Mis manos te recorrían los hombros y tus pechos por fuera. Intentabas decir algo pero yo no te dejaba. Yo no podía más así que te subí, sin dejar de besarte, el corpiño y acaricié a placer tus senos. Tus pezones estaban muy duros, casi como mi pene. Baje la boca los chupé con el ansia de un bebé hambriento pero con la fuerza de un león. Ahora, al liberar tu boca oía tus gemidos, y tus palabras jadeantes que me invitaban a dejar mi festín particular porque podría venir alguien, pero con tu mamila dentro de mi boca y la excitación que me envolvía, poco me importaba el mundo exterior.

Noté una mano tocando mi entrepierna y yo mismo sin dejar de chuparte me saqué el pene. Tu mano lo cogió, lo abrazo y comenzó a moverlo de atrás a delante y de delante atrás sin parar. Estaba gordo, muy gordo y yo lo notaba que me iba a reventar. El glande parecía un fresón maduro de un rojo muy intenso. Yo también bajé presuroso una mano que atravesó el elástico de tu falda y la tira de tu braga hasta acariciar tu monte de venus. Tu pasabas de gemir a chillar así que tuve que comerte la boca otra vez.

Saqué la mano y la volví a meter desde abajo, subiendo la falda y apartando con los dedos la tanga hasta llegar a tu vulva. Estabas empapada. Tus jugos se mezclaron en un instante con el sudor de mis manos y juntos cayeron por tu pierna. Los vaivenes de tu frotar mi pene y de los dos dedos que te metí en tu vagina, nos hacían perder el sentido. De repente te vino un orgasmo brutal y te abrazaste a mi soltando mi miembro erecto.

Te acaricié el pelo con la mano medio seca y con la otra llena de tus jugos jugué con tus nalgas unos instantes. Bajé mi cabeza y sin que pudieras remediarlo metí mi lengua entre tus piernas. Tu clítoris estaba hinchado. Le dí lametazos alrededor mientras mi nariz reposaba y bajaba entre tu bello púbico. Tu chichabas mientras con una mano te mordías los dedos y con la otra apretabas mi cabeza contra ti. Yo asía tus ricas nalgas y tus piernas temblaban. Así, de pié, mientras te chupaba todo, aproveché y metí un dedo en tu culito. Fue como un detonante. Te erguiste y al momento caíste sobre el para que te penetrara más profundo. Te llegó el segundo gran orgasmo. Te salieron flujos por todos los agujeros.

Me incorporé y vi tu rostro cubierto por tus cabellos que se te habían pegado a la cara. Estabas sudando, colorada y con un gesto irreconocible de deseo y felicidad a la vez. Entonces me besaste profundo, y me colocaste a mi semi apoyado al lavabo. Sabía lo que ibas a hacer y me gustó. Mi glande desapareció en tu boca tan pronto como te agachaste. Cerré los ojos y mis manos solo acariciaban tu cabellera haciendo ondas y más ondas con los dedos en movimientos nerviosos.

Dios como me gustó que me comieras la polla. Te la metiste hasta la garganta. ..





Creía que me iba a correr ahí dentro y no quise. Tire de tus pelos mientras me lo reprochabas. Te volvía a besar y me senté en la taza del water. Luego te sentaste encima de mi pene y este se hundió, en tu lubricada vagina, hasta el fondo de una vez. Empezaste a cabalgar como una posesa y los embites hacían que gimiésemos y chillásemos de placer ambos. Sin medidas de protección, en un lugar publico, en un baño y…allí estábamos tu y yo haciendo el amor como locos. Te volviste a correr y yo quería llegar también así que te puse de pié mirandote al espejo como cuando entre hacía sólo unos minutos. Tus ojos se abrieron mucho al verte reflejada y te besé en el cuello mientras mis manos engullían tus pechos y los dedos tiraban de tus pezones. Mi polla necesitaba estallar y llenarte. Ahora si que no podía más y quería hacer mi fantasía realidad…

Te incliné y tus manos se sujetaron en los bordes de la porcelana. Estabas empapada, jadeante y mas bien susurrabas en lugar de decirme que no, no, no, porque sabías lo que venía. Me eché saliva en un dedo y con ésta y parte de los jugos que te caían por la pierna fuí lubricando la entrada a tu culito. Primero entré el dedo corazón hasta la primera falange con suavidad y con movimientos rítmicos fue entrando más y mas hasta estar entero dentro. Lo saqué despacio, cogí mi pene y puse mi glande a la altura del ano. Empuje un poco y luego con más fuerza. El capullo y a estaba dentro. Chillabas bajito y me decías que dolía. Dejé ahí mi polla ensartándose y mis manos rodearon tus ingles, y mi boca mordió tu cuello. Busque con mis dedos tu clítoris mientas te la metía muy despacio…Y después de unos segundos puse dos dedos dentro de tu boca y sin dejar de acariciarte apreté con fuerza y mi pene entro en tu agujero hasta que mis testículos chocaron contra tu cuerpo. Creí morir de gusto y tu me mordiste los dedos y casi me los partes. Me empecé a mover y tu comenzaste a decir que aun te dolía pero menos. Te estaba excitando que yo te acariciara el clítoris y que te partiera el culo por primera vez en tu vida. Y lo mejor era que estabas empezando a disfrutar de ello. Poco a poco tus gemidos crecieron y yo me corrí dentro de tus intestinos sintiendo un placer como nunca he sentido. Y tu te volviste a ir…

Nos quedamos en esa postura un rato hasta que mi polla se puso más flácida y salió. De tu culo brotó un hilo de semen. Me separé y me recosté sobre la pared del minúsculo cuarto de aseo. Tenía la camisa por fuera y manchada de jugos, el pene semi erecto colgando, los pantalones en el suelo y tu totalmente desnuda buscabas por el suelo tu ropa…

Nos lavamos la cara y nos atusamos los cabellos como buenamente pudimos. Con papel higiénico nos limpiamos y pudimos secar algo de las prendas. Había sido el polvo de mi vida, pero ahora tenía que salir de allí tan sigiloso como entré. Me despedí de ti con un beso en los labios y un cariñoso gracias mi vida.

Abrí la puerta y la cerré tras de mí. Una vez más la oscuridad se hizo pues no me acordé de darle al pulsador de la luz. A tientas llegué a la puerta principal, nuevamente se aceleró mi corazón, giré el tirador y salí al establecimiento. Miré a todos lados y me parecía ver a la misma gente que cuando entré. Nada extraño, nadie se fijo en mi. Caminé hacia la salida y llegue a la calle, entonces fue cuando me temblaron las piernas. Cruce la avenida y me fuí a un bar cercano. Pedí un café y mientras me lo servían fuí al baño. Estaba muy relajado. Al fondo del local, caminé por un ancho pasillo y entré en un limpio y gran aseo de hombres. Me miré en el espejo y me veía normal. Las ropas no presentaban aspecto desaliñado así que todo había salido a pedir de boca. Cuando iba a salir se abrió la puerta y…allí estabas tu. Me tapaste la boca y me dijiste que habías pedido permiso para ir a desayunar. Nadie se había coscado de lo que anteriormente habíamos hecho. Cerraste el pestillo de la puerta y metiste tu mano en el interior de mis pantalones mientras tu lengua se colaba en mi boca…


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