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Aaron Adam Luxford había comenzado con sus negocios en electrónica cinco años atrás y le había ido bien, aún en los tiempos de recesión. Después de cinco años su compañía había crecido hasta llegar a tener 20 empleados. Aaron había sido muy particular en las contrataciones. Aunque tenía un problema: no podía permitirse el lujo de vivir un estilo de vida abiertamente gay debido a que algunos de sus principales clientes seguramente lo abandonarían. Salvo los primeros cinco empleados que contrató (absolutamente por sus capacidades), se aseguró de incorporar al resto por la atracción que sentía hacia ellos (belleza, además de talento). Hasta donde él sabía, sin embargo, ninguno de ellos le sería recíproco si intentaba algún tipo de avance. Una de las cosas que lo atraía de un hombre era su heterosexualidad y “masculinidad”. Frutas prohibidas, quizás.

Su vida estaba a punto de cambiar….desde que había conocido al Dr. William Abenna y habían hablado acerca del Instituto. El Instituto era una secreta “casa de retiro” que convertía a las personas en lo que los demás querían que ellas fueran. Era muy exclusiva, muy costosa, pero era la respuesta a todos los sueños de Aaron.

Derek Miles pasó el primer mes de su nuevo trabajo capacitándose. Estaba impresionado del tiempo que había dedicado al entrenamiento, pero el Sr. Luxford, su jefe, parecía preocuparse por sus empleados y quería que ellos estuvieran felices y cómodos en su trabajo. El había llegado a British Columbia sólo para tomar este empleo, al habérsele ofrecido el doble del sueldo que ganaba en Ontario. Su novia de la infancia había roto su compromiso unos meses antes de que él consiguiera el trabajo y no tenía ninguna razón para no empezar “una nueva vida” en otra provincia. No dejaba nada atrás.

Cuando fue entrevistado por el Sr. Luxford, fue tratado como un rey. Agasajo y cena. El Sr. Luxford se pasó muchas horas intentando conocerlo más profundamente. Derek se sintió muy cómodo con este hombre, ciertamente no había sido como cualquier otra entrevista a la que él haya asistido. Le fue ofrecido el empleo al fin del día, cuando fue llevado a cenar por el propio Sr. Luxford.

Tiene una hermosa sonrisa. Ese fue el primer pensamiento que Aaron Luxford tuvo de Derek Myles durante su primer encuentro. El segundo pensamiento fue mucho más sexual e involucraba el trozo muy bien perfilado en los pantalones de Derek. No tiene ni la menor idea de la moda, en absoluto, pensó Aaron, pero eso sería fácil de solucionar. Por supuesto, él también estaba interesado en la inteligencia del hombre -había sido seleccionado entre muchos postulantes debido a su creatividad, habilidad con las computadoras y ética en el trabajo. Y por su protuberancia, pensó, mientras sus ojos se dirigían a la entrepierna del joven.

Había pasado todo el día con Derek, notándolo agradable y conversador, disfrutando de su compañía. Si este iba a ser un contrato a largo plazo, en todos los sentidos, Aaron Luxford quiso tomarse todo el tiempo para asegurarse que él era el hombre correcto. Al finalizar la cena, Aaron se convenció: Derek era ordenado, ingenioso, con carácter, independiente…..y listo. Definitivamente le ofrecería el empleo.


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El Sr. Luxford parecía preocuparse mucho de la salud física y mental de sus empleados. Le dijo a Derek que durante la jornada diaria de trabajo en Luxford Electrónica se tomaría una hora para hacer ejercicios físicos en el gimnasio y una hora para almorzar en el comedor de la empresa, atendido por un proveedor que servía las más saludables comidas. Le esperarían, por el próximo par de años, muchas horas de trabajo extra, pero también habría oportunidades de viajar y gozar de un descanso obligatorio por año para darle al trabajador el tiempo necesario para descansar y proyectar el futuro. Todo parecía demasiado bueno para ser cierto. Si le ofrecían el empleo, seguramente lo aceptaría.

Aaron estaba seguro que los intereses sexuales del muchacho desafortunadamente estaban volcados hacia el otro sexo, pero él se encargaría de eso después. Quería conocer realmente al chico, saber cuáles eran sus defectos, probarlo en varios aspectos del negocio para ver donde estaban sus mayores virtudes. Le dio tareas difíciles, tareas imposibles, Derek pudo con todas ellas. Le asignó una buena secretaría y luego una secretaria muy limitada. Él pudo sacar el mejor provecho de ambas.

A Aaron le molestaba la estupidez en cualquiera de sus formas y, para él, todas las secretarias eran esencialmente estúpidas. Eran mujeres más preocupadas por su pelo que por su trabajo, pensaba, y tendía a tratar a sus secretarias con desprecio. Si no les pagara tan buen sueldo, seguro que rendirían mucho mejor.

En su primer mes en la compañía, Derek había visto una sola cualidad “negativa” o “falla”, si podría así decirse, en el Sr. Luxford. Y tenía que ver con su actitud hacia las mujeres del staff, ya sean secretarias o capturadoras de datos. Daba la impresión que le parecían inútiles, era corto con ellas, muy exigente y, de hecho, había permitido que dos de ellas se fueran ese mismo mes. Hacía ya un largo tiempo que Derek sólo se movía entre hombres y por ese motivo le daban lástima esas mujeres. Pero esos sentimientos se desvanecían cuando notaba el cuidado genuino que Luxford había demostrado personalmente hacia él.

Su última secretaria era tan mala que él se pregunto si no se estaría poniendo a prueba su paciencia o sus habilidades. En vez de enojarse, él tomó a la mujer, Carol, y trabajó con ella, insistiendo solamente en la excelencia de la tarea. Él la elogió, la mató con sus buenos modos y en el transcurso de un mes su productividad mejoró, se sintió más confiada y segura de sí misma y, voluntariamente, trabajaba tiempo extra para asegurarse que su trabajo estuviese bien hecho.

Derek se sintió bien, no solamente porque creía que estaba haciendo muy bien su propio trabajo, sino porque se sentía habilitado para inspirar lo mismo en los otros.

“Derek, estoy muy satisfecho con tu trabajo. Solamente quería expresarte un pequeño problema”

“Oh, lo siento, Sr. Luxford, ¿De que se trata?”

“Trabajas demasiado. Yo se que es extraño que un jefe haga este tipo de comentario a su empleado, pero estás en camino de agotarte. Por ese motivo es que instalé el gimnasio aquí mismo, para asegurarme que mis empleados cuiden su cuerpo. Tendré que volver a insistirte que, si quieres seguir trabajando aquí, tienes que hacer tus ejercicios cada día. Te sorprenderás de la energía que eso te dará y estoy seguro que tu productividad se incrementará.”

Derek frunció el entrecejo. Él nunca había entrenado. Su cuerpo estaba en forma porque a él le gustaba mucho caminar, pero la disciplina del gimnasio nunca le había importado. No obstante, amaba su trabajo y el viejo hombre estaba dándole la alternativa. “Ciertamente, señor, si esto es lo que necesito, puede contar conmigo.”

Los primeros seis meses, Derek trabajó muy duro. Propuso varias nuevas ideas que fueron integrándose en la manera de Luxford de hacer las cosas. El Sr. Luxford habló muy bien de él en las reuniones de producción y en las reuniones de directorio. En ese corto período de tiempo ya había recibido dos aumentos. Se había mantenido muy ocupado, pero nunca se había sentido tan bien físicamente como ahora. El gimnasio y la dieta saludable realmente habían hecho un buen trabajo en su apariencia física. Había perdido 15 libras y se notaban los músculos, bien marcados en su cuerpo. Y él se sentía realmente bien.

Su trabajo con su secretaria estaba rindiendo sus frutos y, para ese entonces, estaba comenzando a gustarle la muchacha. Estuvo tentado una vez de invitarla a salir, pero tuvo miedo de deteriorar la relación “jefe-empleada” y temió lo que los demás podrían pensar. Tenían una muy buena relación y trabajaban como un buen equipo. Apreciaba su creciente interés en el trabajo.

Aaron observaba lo que ocurría en la oficina de Derek con interés. Le había asignado la peor empleada de la compañía y él la había transformado en una empleada brillante en un corto tiempo. Era bueno. Pero le parecía que estaba tomando un interés muy grande en ella. Era muy celoso de sus empleados, especialmente de aquellos a los que les había echado el ojo, y desde ese momento decidió hacerle la vida un poco más difícil a la muchacha.

Aaron estaba complacido de que ellos no estuviesen saliendo -Derek parecía conocer los límites- pero uno nunca sabe cuando la lujuria puede trasponer la puerta. Quizás era hora de poner realmente a prueba a Derek.

Y entonces sucedió. En una reunión de producción, Derek se atrevió a cuestionar al Sr. Luxford. Se refería a lo que él sentía como un manera antiética de sacar ventaja sobre una compañía competidora más pequeña. Era algo que Derek pensaba realmente y, ahora que era bien visto y respetado, sintió que era el momento de poner su grano de arena para tratar de remediar esa injusticia.

Derek dijo al Directorio que la manera en que había sido tratado el dueño de FabCorps, George Templeton, había sido cruel y descuidada. La política tomada contra el empresario iba a significar que éste en el corto plazo iba a perder mucho dinero y, en un futuro próximo, tendría que resignar a la mitad de su personal. Ellos no necesitaban recurrir a tales artilugios y, después de todo, un poco de competencia podía resultar más beneficioso.

Fue como tocarle una herida en carne viva al Sr. Luxford. Le recordó, en no muy buenos términos, quién era el jefe, quién pagaba su salario y que nadie iba a decirle a él como manejar su negocio. No gritó ni montó en cólera, pero rápidamente sus palabras se convirtieron en un cuchillo que se clavó en el pecho de Derek.

Al principio Derek intentó defenderse, pero cuando sintió la ira de Luxford, cedió. Cuando Luxford dio por terminada la reunión, las miradas de los otros y su propia condena al ostracismo le hicieron saber, rápidamente, que estaba en problemas.

Derek cayó en la trampa, pensó Luxford. Un hombre con mucha moral. Esa podría ser su perdición, era demasiado ético para los negocios. Si sientes compasión con cada pobretón que conoces, deberías retirarte del negocio. No. Los negocios son salvajes y el hombre que maneje la espada más grande, será el ganador. Y Luxford pensaba que ese era él.

Le resultó interesante observar cómo Derek perdió terreno. Una ganada por los chicos malos, pensó. Resultaba penoso ver como Derek estaba tirando por la borda un brillante futuro por una simple cuestión moral. Qué interesante resultaría poder cambiar la moral de Derek, amoldarlo al tipo de persona cruel que admiraba -en él así como en otros. Amaba la dureza masculina….y él haría de Derek una persona dura.

Al día siguiente, cuando Derek fue llamado a la oficina de Luxford, éste estaba convencido que iba a ser despedido. Esa mañana todos lo habían evitado o, cuando lo miraban, lo hacían con el movimiento de cabeza que se hace por compasión ante una persona fallecida. Su secretaría, Carol, que ahora tenía el mejor de los conceptos, como una gran trabajadora, apenas podía mirarlo a la cara. Ella mantuvo la mirada baja cuando le comunicó que era requerido en la oficina de Luxford.

El arte de la intimidación, pensó Luxford. ¿Cómo debería mostrarme ante él? Veamos. Él probablemente espera lo peor -ya me ha visto destrozar a otros. Quizás hacer todo lo contrario lo haga bajar la guardia.

Luxford se sentó en su inmenso escritorio pero giró su silla, de manera tal que cuando Derek entrara viera el respaldo de su imponente sillón, en vez de su cara.

“Siéntate, Derek”

“Si, señor”

Lentamente la silla fue girando y los enfrentó: “Derek, parece que ayer tuvimos un pequeño malentendido”. Sonrió, pero era una sonrisa forzada.

Derek esperaba que el hacha cayese sobre él.

“Pero, quiero que sepas que valoro tu trabajo… y tus opiniones. Te llamé para decirte que pienso que es hora de que tomes tus primeras vacaciones. Estoy haciendo los arreglos para que puedas ir a la casa de retiro, por el término de una semana y realmente deseo que no guardes ningún rencor por lo de ayer. Que tengas una buena semana.”, concluyó mientras hacía girar la silla nuevamente.

“Ehhh….gracias…ehhh…si señor…..gracias”. Se levantó de su silla lentamente, como asustado y se retiró de la oficina. Lo primero que hizo fue encontrarse con Carol.

“¿Es todo?, ¿te despidieron?”, preguntó Carol.

“No…ehhh…no. Me está enviando a la casa de retiro. Me dijo que valora mi trabajo y mis opiniones.”


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“Me alegro”, dijo Carol y le sonrió.

“El Dr. William Abenna, por favor.” Una pausa. “William, encantado de escucharte. Sí, tengo otro candidato para ti, un hombre joven, bastante bueno. Pero tú verás todo lo que puedas cambiarlo, ¿no es cierto?”

La voz del otro lado del teléfono rió.

“Es brillante, William. La compañía lo necesita. Pero yo, por supuesto, lo necesito también. Sabes perfectamente lo que quiero decir….Bien, ¿este fin de semana, entonces?. Sí, está todo arreglado. Oh y…Gracias William”.

La siguiente tarde, Derek voló hacia el Instituto Abenna. Le parecía que iba a ser una semana excelente. Le habían programado una serie de conferencias que le resultaban intrigantes e interesantes. Tenía su propio lugar para hacer ejercicios, su propio sauna, refrigerador, videocasetera, TV, y una completa biblioteca de negocios y cintas de entretenimiento. Todo lo que él podría desear para una estadía agradable. Su única tarea era completar un “inventario personal”, un formulario que él decidió sacarse de encima inmediatamente.

El inventario era casi como un perfil psicológico, así como también una lista sobre qué cosas le gustaban y cuáles no. Se sentía un poco incómodo teniendo que confesar sus gustos personales, pero pensó que el objetivo de la misma era adaptar la estadía a las necesidades de cada persona. ¡Esto tenía que estar costándole a Luxford mucho dinero!.

Nombre: Derek C. Miles – Ocupación: Analista y programador de computadoras – Edad: 29 – Estatura: 1.90 – Peso: 85 – Salud: Buena – Preferencia sexual: Heterosexual – Estado Civil: Soltero – Actividades favoritas: Caminar, operar computadoras, entrenar – Actividades que menos le gustan: Bowling, opera, ¿¿¿ballet???

– Comidas favoritas: Pastel de queso, lasagna, bistec – Comidas que no le gustan: Nabos, espinacas, coliflor – ¿Fuma?: No, lo odio – ¿Bebe alcohol?: Sí – ¿Con qué frecuencia?: Usualmente, una cerveza por día. Algunas veces, vino – ¿Alguna vez en su vida ha estado utilizando drogas (no medicinales)?: No (etc……).

El Dr. Abenna ordenó sobre un perfil de 6 páginas el cuestionario respondido por Derek, dándole prioridad a aquellas preguntas que permitiesen ahondar su perfil psicológico. Derek, de hecho, era una persona polifacética, feliz, con un fuerte interés en su trabajo, demasiado quizás, probablemente para mitigar la falta de compañía femenina y de sexo. Sobre el perfil, el Dr. Abenna delineó las áreas que mas le interesarían a Aaron Luxford y agregó algunas cosas más que podían resultarle de utilidad. Aaron estaba en lo cierto. Derek parecía ser un espécimen muy fino.

La cena era extravagante y durante la misma, Derek se encontró con otras personas que seguramente estarían allí por el mismo motivo. Todos eran amables, confiables y trabajaban duro. Derek se juntó inmediatamente con Eric, un técnico de computadoras de Edmonton. Ellos bromearon durante la cena con el humor de dos que se conocen desde hace mucho tiempo, burlándose amablemente sobre la profesión de cada uno. Derek deseó tener más tiempo en la semana para conocer mejor a Kevin. Hacía mucho tiempo que él no entablaba una amistad. Mientras Derek salía con Peg, ella ocupaba todas sus horas libres y muchos de sus amistades fueron quedando de lado. Sería bueno cultivar una nueva amistad, aunque en el futuro tuviesen que comunicarse por e-mail, debido a las distancias que los separaban.

Después de la larga cena y de un paseo aún más largo al aire libre, Derek y Kevin se dieron las buenas noches y cada uno se fue a su cuarto. La droga que le suministraron a Derek hizo efecto durante la noche, mientras dormía, y él nunca se enteraría de lo iba a pasar.

“Derek, estás sumergiéndote más profundo y más profundo…..sintiéndote más y más relajado y confortable. Tu puedes abrir los ojos y mirar el cuadro que está frente tuyo. Cuando tú mires el cuadro, te sentirás cálido y bien, protegido y seguro.”

Un shock eléctrico inundó su cerebro y le provocó una erección instantánea.

“No hay nada que tú no harías por este hombre. Él es la vida misma…(shock…shock) y tú le rendirás culto. La vida sin él es imposible (shock…shock…)…tú lo necesitas…lo necesitas desesperadamente”

Cada noche, durante toda la semana, los shocks continuaron.

“Yo pienso que ya es hora de hacer cambios menores en su personalidad”, le dijo el Dr. Abenna a su personal durante el tercer día de estadía, “Pongan en marcha la segunda parte del plan, creo que él esta listo”.

“Dios, hoy tenemos la tarde libre”, pensó Derek. “Serán mis primeras horas sin pensar en el trabajo. Sería bueno que Kevin quiera venir algunas horas a la ciudad”. Derek caminó por el patio, hacia la habitación de Kevin, a la hora del desayuno. Lo había visto en la cena de ayer pero no tuvo oportunidad de hablarle, porque el grupo al que lo habían asignado tenía una cena de negocios, es decir un ejercicio de capacitación.

Golpeó la puerta de la habitación y escuchó la voz de Kevin invitándolo a que pasara. Abrió la puerta y entró. Al principio no vio a Kevin, pero luego desde el baño que se encontraba al final de la suite, escuchó su voz y sólo pudo ver una porción de su cuerpo a través de la puerta.

“Lo siento, estaba terminando de arreglarme. Dormí un poco más de lo esperado. ¿Eres tú, Derek, no es cierto?”

“Sí”

“Bien, no sea cosa que estuviese invitando a entrar a un loco con una navaja de afeitar”

Kevin salió del baño completamente desnudo. Un cigarro mediano colgaba de su boca. Derek no sabía que fumara, él no se lo dijo la otra noche. Parecía muy cómodo estando desnudo, pensó, y Derek no podía dejar de mirarlo. Estaba tan…. bien… hermoso. Era la única palabra que acudía al cerebro de Derek. Y tan puramente masculino. El cigarro parecía irradiar poder y fuerza. Derek sintió crecer su miembro y se avergonzó, pero no podía parar de mirarlo. Y no podía articular palabra.

“Hey, ¿qué te pasa, hombre?. Te ha comido la lengua el gato”

“Ehh…no….sólo que….me gustaría que vinieras conmigo a la ciudad esta tarde, eso es todo”

Kevin sonrió y se acercó. Masticaba su puro y resoplaba. Se paró directamente frente a Derek y lo miró fijamente. El humo del cigarro iba directo a la cara de Derek y su miembro se agigantaba cada vez más. Le dolía tenerlo apretado en sus pantalones.

Kevin alcanzó con una mano la nuca de Derek y con la otra se quitó el cigarro. “¿Estás seguro que quieres irte de aquí?” Y acercó la cara de Derek a la suya y sus labios se encontraron, sus lenguas se sondearon y se buscaron.

Derek pudo saborear el tabaco en su boca y lo notó muy agradable. Nunca le había gustado antes, pensó. ¡Y menos de la boca de un hombre!, y entonces todos los pensamientos lo abandonaron cuando la pasión comenzó a consumirlo. Se tiró sobre la cama y las manos de Kevin fueron sobre él, masajeando suavemente los pelos sobre su pecho y frotando la poderosa presencia que existía bajo sus pantalones.

El monitor de televisión estaba en la posición correcta para que el Doctor pudiese registrar bien el resultado de su trabajo. Después de haberse cogido a Derek, el Doctor apagó su cigarro y miró el cuerpo dormido sobre la cama. Escuchó un ruido que provenía desde fuera de la habitación. El Kevin real estaba llegando antes de lo previsto del mandado que él le había encomendado hacer en el pueblo. Suponía que iba a demorar por lo menos una hora más.

Desafortunadamente, Kevin abrió la puerta antes que el Dr. Abenna pudiese reaccionar y entonces lo encontró en la habitación.

“¿Qué carajo está pasando? ¿Qué está haciendo usted aquí? ¿Quién está en mi cama?….¿Derek?”

“Oh, Kevin, Kevin, Kevin, mi muchacho. Necesitas dormir”

Inmediatamente Kevin cayó al suelo en un profundo sueño. “Qué desgracia que hayas visto todo esto, Kevin. Hoy, tendremos que trabajar un poco más de lo planeado”

Caminó hacia Derek que se encontraba desnudo sobre la cama: “Derek…tú olvidarás todo acerca de tu encuentro con Kevin… de hecho, estarás muy enojado con Kevin porque él ha dicho cosas terribles de tu jefe, el Sr. Luxford. Es el bastardo más arrogante que has conocido en tu vida. Insultó a Luxford y denigró tu trabajo. Tú le dijiste que estaba equivocado y que no lo perdonarías nunca, a menos que se arrastrara y te pidiera disculpas. Él se río de tí y tú lo golpeaste, dejándolo desmayado en el suelo. Quiero que te sientas muy orgulloso de haberle dado su merecido y quiero que vayas a desayunar pensando solamente en como él tendrá que arrastrarse para pedirte una disculpa y la forma como puedes rebajarlo”.


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Derek salió de la cama y, cuando se estaba vistiendo, miró el cuerpo inmóvil de Kevin y sonrió. Luego dejó la habitación, ignorando totalmente la presencia del Dr. Abenna.

“Ahhh, ahora me iré a desayunar y miraré este pequeño y amado video”, pensó Abenna.

Derek se dirigió a la cafetería y tomó un rico omelette de vegetales (espinaca y brócoli, sus favoritos) y ¡casi vomitó cuando vio que estaban ofreciendo mini-bistecs para el desayuno! “Me pregunto que voy a hacer en mi tarde libre”, pensó.

La noche anterior sometieron a Derek a varias pruebas y él las pasó satisfactoriamente. Estaba autorizado a ir a la ciudad, donde compró entradas para ver un ballet, finalmente cenó en un buen restaurant vegetariano, después de haber pasado por al menos diez lugares italianos, donde ni siquiera podía observar la comida. Amaba el ballet y estuvo a punto de esperar en la puerta del teatro al bailarín principal para demostrarle su admiración por lo bien que había bailado, pero cambió de idea y decidió que era mejor volver a la casa de retiro.

A su regreso, pasó por un bar que lucía interesante. Entró y pidió un Bloody Mary, pero la camarera le trajo un Gin Tonic. Derek le dijo que se había equivocado y la señorita lo trató descortésmente. Terminó gritándole en la cara. Después de decirle todo tipo de obscenidades, fue echado del lugar y estaba tan disgustado que entró en otro bar y se tomó seis medidas de whisky escocés en no más de veinte minutos. Sintiéndose mucho mejor, decidió regresar a su suite.

A su arribo, esperando en la puerta de su habitación, estaba Kevin. Viendo llegar a Derek, juntó sus manos, se arrodilló y le pidió que lo perdonara. Le dijo que sería capaz de hacer cualquier cosa para lograr su perdón. Derek se puso duro cuando vio al hombre suplicándole. Llevó a Kevin dentro del cuarto y se propuso a encontrar la manera de rebajarlo. Lo observó mientras hizo que Kevin se afeitara completamente el cuerpo, hizo que Kevin comenzara a lamer sus pies y ocasionalmente le permitió que chupara la verga. Fue la peor de las humillaciones.

Derek realmente estaba ansioso de retornar al trabajo. Había sido una estadía maravillosa (debía recordar agradecerle al Sr. Luxford y al Directorio), pero había mucho trabajo y mucho dinero para hacerle ganar a la empresa. Llego a su trabajo media hora más temprano que de costumbre y encontró a Carol maquillándose en el escritorio.

¡Qué flor de hija de puta! No había excusa para eso, pensó. A ella se le pagaba por trabajar ¡Qué clase de mujer! Le arrebató el lápiz de labios de las manos, le gritó que volviera a sus tareas, quiso saber porqué su correo no había sido ordenado mejor en su ausencia y se encargó de hacerle notar la pobre calidad del trabajo que ella realizó mientras él no estaba. Estaba hecho una furia. Cómo podía ser que había que controlar a todas esas mujeres a cada momento, de lo contrario enseguida sacaban provecho de la situación.

Aaron observó la riña con su secretaria a la distancia. Al menos el muchacho estaba comprendiendo lo que él sabía de las mujeres desde hace muchos años. Se merecen eso y mucho más. Sonrió y regresó a su oficina.

Derek se puso a trabajar inmediatamente, pero al final de la mañana ya tenía decidido que no podía continuar trabajando con Carol -una reverenda puta- así que la despidió al mediodía. Fue hasta la computadora y mandó un e-mail al departamento de personal comunicando que ella había sido despedida y ordenó que se publicara un aviso pidiendo, preferentemente, un secretario de sexo masculino para comenzar a trabajar inmediatamente. Luego llamó a Edmonton y le dijo a Kevin que necesitaba un secretario y que él debía aceptar el empleo, algo más acorde a su talento.

El Sr. Luxford lo llamó después del almuerzo. Esta vez, cuando Derek entró a la oficina de Luxford, el jefe estaba sentado en la gran silla observando su ingreso.

“¿Has disfrutado el retiro, Derek?”

“Oh, sí, señor. Fue estimulante. Aprecio mucho que me haya dado la oportunidad y yo intentaré retribuirle la fe y la confianza que usted puso en mí”.

“Muy bien, Derek. Duerme, por favor”

“Sí, señor”, los ojos de Derek se vidriaron inmediatamente, pero no se cerraron, porque así le había sido ordenado.

“Derek, me gustaría ver el resultado de todo el entrenamiento que has recibido. ¿Te molestaría quitarte la ropa para mí?”

“No, señor. Como usted diga señor”. Se puso de pie y comenzó a sacarse la ropa, apilándola cuidadosamente sobre la mesa más próxima a él. Los efectos del trabajo de gimnasio y del adecuado régimen de comidas de la última semana, habían esculpido bellamente su cuerpo.

“Muy lindo, Derek. Excepto por tu pelo, demasiado yuppie. Pienso que me gustaría verle con menos pelo atrás, pero mantenga el largo en la parte superior, pienso que le quedaría bien con su cara larga y sus pómulos prominentes. Un aro, quizás. Y vuélvase rubio. Sí, definitivamente. ¿Lo haría por mí, Derek?”

“Me haría feliz hacerlo, señor”

“Sí, le encantará su look, Derek, estoy seguro. Realmente me gustan los hombres con el cuerpo suavemente trabajado. Tú quieres estar suave y fuerte, ¿no es cierto?. Eso realmente me excitará, Derek. Y tú te excitarás mucho, también, ¿no es verdad?”

“Oh, sí, señor”

“Ahora, ven aquí, Derek y muéstrame cuanto apreciaste la semana que te has tomado. ¿Has besado a un hombre, Derek -besado sexualmente, ¿me explico?”

“Sí, señor”

“Bien. Quiero que me beses. Y cuanto más lo hagas, más te encontrarás excitado sexualmente. ¿Es lo que siempre has estado soñando, ¿no es así? ¿Siempre has querido besarme?”

“Sí, señor….siempre”

“Bien, entonces ven, no seas tímido”

“No, señor”

Derek dio la vuelta al escritorio, puso a Luxford contra la pared y comenzó a besarlo, lentamente al principio, su lengua penetrando la boca de Luxford como un ariete y cuanto más lo besaba, más se excitaba, los besos se volvían más y más apasionados, intensos y poderosos. Era como si el sexo le hubiese sido negado a Derek durante años y ahora, de repente, estaba entrando a raudales frente a Luxford.

“El sabor a tabaco en la boca del Sr. Luxford me enloquece”, pensó. “Qué afortunado soy de saber que éste sorprendente hombre gusta de mí. Haría cualquier cosa por él. ¡Lo amo!”


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Luxford estaba disfrutando completamente la pasión que éste hombre sentía hacia él. Las manos de Derek estaban sobre su cuerpo y sentía una explosión de placer en cada beso y en cada abrazo. Detuvo la acción momentáneamente, simplemente pidiéndole a Derek que hiciera una pausa, lo llevó a la cama y lo hizo caer nuevamente sobre él. En minutos, Derek le había quitado la ropa a Luxford y le estaba dando una terrible chupada de verga. Parecía totalmente dedicado a satisfacer al objeto de su afecto y nada le importaba de él mismo. Finalmente, Luxford acabó, pero tuvo otra erección de inmediato. Entonces tomó el firme culo de Derek, que se lo ofrecía provocativamente, y lo penetró. Derek gritó un dolor glorioso ya que su amante lo estaba usando totalmente.

Derek era el tercer empleado que había sufrido “el retiro”. Luxford realmente no sabía que podía esperar de este muchacho. Pero no quería esperar demasiado para averiguarlo. Su empresa estaba creciendo ciertamente y este muchacho todavía era el más excitante. Había notado todavía una cierta resistencia dentro de él, no referida al sexo, pero sí hacia algunas estrategias de negocios. Un buen argumento era siempre un preludio a un sexo mejor, pensó.

Estando todavía encima de Derek, le pidió que se vistiera. Le dijo que estaba muy complacido con su desempeño y que le gustaría que fuese a su casa a cenar. Derek estaba feliz con el cumplido.

“Debes despertarte ahora, Derek”

Derek habló: “Realmente deseo poder tener nuevamente una oportunidad como ésta, señor, y anhelo poder mantener su confianza”, dijo, siguiendo la conversación que había comenzado un momento antes de que Luxford lo durmiera.

“Escuché que despediste a alguien hoy”

“Sí, señor, a una incompetente. No podía permitirle que siga estafando a esta compañía. Ya he pedido un secretario -hombre- para que la reemplace. Es la única manera de tener un buen día laboral. Hay un hombre joven, que conocí en el retiro, que pienso podría ser excelente para ese cargo”.

“Excelente, mi muchacho. Realmente debes venir a cenar, esta noche. Te espero a las siete”

“Muchas gracias, señor”. Cuando Derek dejó la oficina se miró en el espejo y pensó que feo y anticuado era su corte de pelo. Quizás algo más corto en la parte de atrás y en los lados luciría mejor.

Derek se preparó durante la tarde afeitando su cuerpo, algo que él siempre había querido hacer y compró un matizador para aclarar el pelo, haciéndolo más rubio. Lucía muy bien, pensó, mirándose fijamente al espejo.

Cuando Derek llegó a la casa de Luxford, le sorprendió ver que uno de sus socios, Philip, le abría la puerta. Lucía como un mayordomo, pero sin uniforme. Philip no pareció reconocerlo pero se comportó muy profesionalmente, como un mucamo, con modales más bien distantes.

Cómo le gustaría vivir alguna vez en un lugar como éste y estar cerca todo el tiempo de semejante hombre como el Sr. Luxford. Sería fantástico.

“Derek, mi muchacho”, dijo Luxford cuando Derek entró al hall “Qué bien que te ves. Duerme. ¿Lo harás?. Tengo un pequeño trabajo que necesito que esté hecho antes que nos sentemos a cenar. Seguramente recordarás perfectamente al horrible George Templeton, ese que tú equivocadamente defendiste algunas semanas atrás. Él se ha alejado del pueblo unos días. Quiero que vayas a su casa y veas si puedes encontrar los planos de su nuevo diseño. Le enseñaremos quién es el jefe. ¿Harías eso por mí, no?”

“Seguro, Sr. Luxford. Me hará feliz hacerlo”

“Philip te acompañará, pero me gustaría que tú seas el único que entra en la casa. ¿Me harías ese pequeño favor?”

“Seguramente, señor”

“Por supuesto, si fueras atrapado, dirás que todo esto fue tu idea y que yo no tengo nada que ver”

“Por supuesto, señor. Es una idea totalmente mía”

Cuando Derek regresó esa noche, tuvieron una maravillosa cena y luego se retiraron al dormitorio, donde Luxford exhibió las maravillosas cintas eróticas orientales que Derek había estudiado en su semana de retiro. Derek se entregó a una noche entera de exquisita y dolorosa pasión.

El siguiente día de trabajo Derek pareció olvidar todo lo ocurrido la noche anterior. Toda su concentración estaba puesta en ser el mejor empleado. Admiraba la ética laboral y la astucia de su jefe y anhelaba el día en que fuera ascendido en la compañía, pero por ahora estaba satisfecho de hacer lo mejor posible todo lo que le fuera ordenado.

Su nuevo secretario, Kevin, había agradado al Sr. Luxford, quien los había invitado a almorzar. Cuando regresaron a la oficina, Derek cerró la puerta y se aseguró que Kevin supiera quién era el jefe. Acabó tres veces. Luego, lo envió a la oficina de Luxford, donde los recientes talentos de Kevin fueron puestos a prueba, nuevamente.

Derek se había convertido en el empleado perfecto de Luxford.

FIN


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